Lugares Imprescindibles que ver en Lituania

Tras nuestra experiencia recorriendo por libre este país báltico, te enumeramos los lugares que hemos consideramos imprescindibles y que no debes perderte en tu ruta por Lituania… !Vamos con ellos¡


La Colina de las Cruces

La Colina de las Cruces (en lituano Kryžių kalnasigen) se remonta a una serie de guerras y alzamientos a lo largo de la historia, junto con leyendas de fantasmas, milagros y actos heroicos de exaltación patriótica, misteriosas visiones y relatos inquietantes. A lo largo de los años, se ha convertido en un símbolo patriótico, religioso y político , convirtiéndola así en una especie de lugar de peregrinación en Lituania.

En uno de los muchos orígenes y leyendas sobre la creación de esta colina, cuenta que hubo una iglesia y que un rayo la destruyó, enterrando a todos los feligreses bajo los escombros. Desde entonces sus espíritus vagan al amanecer en procesión.

Otra leyenda de principios del siglo XIV cuenta que sobre la colina había un castillo de madera, que fue destruido por unos monjes guerreros teutones tratando de cristianizar el territorio. Los habitantes del castillo que sobrevivieron a la batalla apilaron los cuerpos de los monjes muertos y los enterraron, formando así el montículo. Al igual que en la anterior leyenda, las almas de los guerreros siguen acechando la colina por la noche.

Sin embargo, la leyenda más famosa de la creación de esta misteriosa colina llena de cruces, es la historia de un padre desesperado cuya hija de repente cayó gravemente enferma. Cuando la niña yacía en su lecho de muerte, el padre tuvo una visión de una mujer que le dijo que hiciera una cruz de madera y la colocara en una colina cercana; si lo hacía, su hija se recuperaría. Por la mañana, el hombre desesperado talló a toda prisa una cruz de madera y corrió hacia la colina. Cuando regresó a casa, su hija lo saludó en la entrada totalmente recuperada. Desde entonces, las personas creyentes que acuden a la colina, depositan su propia cruz como homenaje o gratificación para que sus rezos sean atendidos.

La versión más extendida dice que los lituanos empezaron a colocarlas allí espontáneamente en 1831 y en 1863, después de dos rebeliones fallidas contra la Rusia zarista. Los familiares de las víctimas, al no poder recuperar los cuerpos, pusieron una cruz por cada uno de los caídos. Se calcula que de las escasas 20 cruces iniciales se pasó a casi 200 antes de finalizar el siglo. La Colina de las Cruces empezó a tomar fama no sólo como lugar de culto católico, sino como símbolo de la resistencia contra el invasor.

Durante las siguientes décadas, esta vez bajo ocupación soviética, los lituanos continuaron rebelándose y colocando cruces en la colina pese a las prohibiciones. Así pues, éste ha sido por décadas un lugar de devoción a la fé católica pero, sobre todo, un símbolo de la independencia lituana, alcanzada finalmente en 1990.

Sea como fuere, el lugar atrae a numerosos fieles (incluido el Papa Juan Pablo II, que la visitó en 1993 y ofició una misa con miles de asistentes) y a multitud de curiosos como nosotros cada año.

Por otro lado, el arte de hacer cruces es una de las artesanías lituanas más singulares, incluida en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO. Las cruces lituanas tradicionales son obras maestras únicas de la arquitectura, la orfebrería, la escultura y la pintura.

En cuanto al número de cruces, a principios del siglo XX era de aproximadamente 130, en 1922 había aumentado a 400 y tras la independencia el número se disparó, llegando a la cifra de 55 mil cruces en 1.990. En el año 2006 sobrepasaron las cien mil y en la actualidad se calcula que la cifra es superior a las 200.000 cruces.

La Colina de las Cruces en realidad no pertenece a nadie, ni la iglesia ni el gobierno la reclaman, siendo un lugar público donde cualquier persona (lituana o no) trae una cruz y la coloca por iniciativa propia.

Este lugar está mantenido por el municipio de Siauliai y los monjes franciscanos locales. Para algunas personas esta colina es un lugar de culto y oración. Para otros, simboliza el desafío y la resistencia en los tiempos más oscuros de la represión soviética.

Sea como fuere, es un lugar que no debes pasar de largo en tu visita a Lituania, en ningún otro lugar del mundo encontrarás un lugar como este. Hay cruces de todos los tamaños (algunas son realmente enormes y otras son tan pequeñas que podrías hasta colgártela al cuello), las hay de diferentes materiales y también distintos colores. Es totalmente gratuito y se puede acceder a cualquier hora del día o de la noche, aunque nosotros aconsejamos ir de día, ya que el lugar no deja de ser un poco siniestro… 😉

A nosotros particularmente nos gustó bastante debido al lugar en sí mismo, es tan insólito como extraño…sin duda un lugar que no te dejará indiferente. Y si tienes poco tiempo, no te preocupes, el lugar es grande, pero no es un museo donde pasar toda una mañana. Hay diferentes senderos y escaleras por toda la colina y cruces por todas partes, con esto queremos decir que se puede recorrer de forma fácil y en poco tiempo.


Castillo de Trakai

La ciudad de Trakai y el castillo forman parte del Parque Histórico Nacional Trakai. Además del castillo se puede disfrutar de la naturaleza, con excursiones alrededor de los lagos,  practicando deportes como bicicleta, paseos a caballo, en barco, o incluso avistamiento de aves.

El pueblo de Trakai,  a unos 3 km del castillo, es un lugar animado y colorido gracias a las casas de los caraítas, descendientes de una vertiente del judaísmo que se asentó aquí cuando huían del avance otomano. Las casas y sinagogas caraítas se pintaban con colores fuertes y suelen tener tres ventanas, cuya explicación legendaria es que están dedicadas a Dios, a la familia y al Gran Duque Vytautas que los acogió en Traka.

Como buen castillo que se precie, las leyendas que rodean al castillo de Trakai dicen que la mujer del duque de  Trakai  era infeliz por la escasa agua que había cerca de la ciudad medieval del Viejo Trakai (a 3km del lago), muy diferente a la inmensidad del mar Báltico de su ciudad natal. Para complacerla el duque mandó construir el castillo en una de las islas del lago, trasladando su residencia y la corte a la nueva “ciudad de los lagos”. De este modo Trakai se convirtió brevemente en la capital del ducado de Lituania entre 1316 y 1321, para posteriormente trasladarse a Kernavė.

El duque fue asesinado y poco después el castillo fue destruido por los caballeros teutones. El hijo del duque, que nació en el castillo, otorgó la potestad de construir una iglesia en Trakai, ampliando así el castillo.

En esta tierra de continuas disputas, la alianza de los ejércitos lituanos y polacos frente a los teutones trajo un periodo de paz, sin guerras que la perturbasen y que al mismo tiempo significaba la pérdida de sentido estratégico y militar del castillo. Durante siglos fue residencia palaciega de los duques e incluso prisión para nobles rebeldes. En el siglo XVII nuevos conflictos con el principado de Moscovia , actual Moscú, dejaron en ruina Trakai.

Aunque hubo algunas acciones de recuperación a principios del siglo XX (paralizadas por la primera guerra mundial y la Revolución Rusa), no fue hasta la década de los 50 que el castillo de Trakai comenzó a restaurarse. En los 60 se abrió una colección con el Museo de Historia Trakai en su interior. Para los lituanos Trakai resulta un icono del ducado de Lituania y por ello el gobierno soviético no quería alimentar el nacionalismo lituano, motivo por el cual las obras de restauración fueron lentas y no se completaron hasta la independencia del país.

Personalmente creemos que es un lugar importante en la historia del país y merece la pena visitarlo. Además, el entorno donde se ubica el castillo es precioso, eso es un hecho incuestionable, no obstante, tenemos que añadir que el castillo en sí mismo nos decepcionó un poco, ya que, bajo nuestra opinión, pensamos que su restauración resulta, visualmente hablando, excesivamente moderna y le resta cierto encanto al castillo (aunque esto tampoco es un motivo para dejar de visitarlo), pero si para no tener unas expectativas demasiado altas.

Nosotros para ver todo el interior del castillo y pasear por los alrededores del mismo le dedicamos aproximadamente unas dos horas.

Para precios y horarios: Pagina Oficinal del Castillo de Trakai


Parque Nacional del Istmo de Curlandia

El Istmo de Curlandia en la costa del Mar Báltico es uno de los ecosistemas marinos más bellos e interesantes de Lituania. El istmo de arena -en lituano Kuršių Nerija- y la laguna están protegido por el parque natural creado en 1991.  Sus dunas de arena están consideradas las más grandes de Europa en su especie de colinas móviles.

El istmo recibe el nombre del lago de Curlandia, separado del mar por la lengua de tierra cuya anchura va de los 400 metros en la parte más estrecha a los casi 4 km (3,8km) en la parte más amplia.

Durante siglos el ser humano ha luchado literalmente contra viento y marea para evitar la erosión del istmo, consciente de que la repoblación forestal es la mejor forma de compactar el terreno y evitar que se desintegre. Esta labor de supervivencia y conservación del hábitat sirvió para el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

El Istmo se abre al mar al norte junto a la ciudad de Klaipėda, uno de los destinos turísticos de playa más conocidos y frecuentados de Lituania. Fue precisamente el turismo alemán (parte descendientes de los prusianos que vivían aquí) el que puso de moda la zona tras la independencia lituana, ya que los alemanes no necesitaban visado en Lituania.

El istmo tiene dos orillas bien diferenciadas, la interior que da al lago es más bien rocosa y de aguas plácidas y la que da al mar Báltico con playas de arena fina y oleaje intenso.

Conviene revisar bien los horarios para organizar la visita al istmo y así no perder demasiado tiempo esperando las conexiones de los ferries. Por otro lado hay que señalar que hay un peaje para los visitantes que llegan en coche (el cual está incluído en el ticket del ferry). Todos los precios y horarios los puedes consultar en el link.

A continuación puedes consultar los horarios y precios del ferry


La Colina de las Brujas

Se encuentra en la península de Neringa, en pleno istmo de Curlandia y, a tan solo unos pequeños kilómetros de los pueblos de Nida o Juodkrante.

Se trata de un sendero que se pierde en el bosque para dar paso a diversos personajes, leyendas, cuentos y maldiciones de la cultura popular lituana. Un agradable paseo a lo largo del bosque no demasiado exigente y que durante un par de horas te adentra a un mundo mágico lleno de extravagantes personajes.

Estos personajes empezaron a ser colocados en la Colina de las Brujas a finales de los años 70, cuando diversos artistas lituanos empezaron a tallar esculturas en madera de roble y, que a día de hoy, son un número cercano a 80 esculturas.

Entre ellas, una de las más famosas es la del cuentacuentos, un personaje condenado por una bruja a pasar la eternidad convertido en estatua y al que según cuentan, todavía hoy se le puede oír de vez en cuando susurrar historias.

Pero sin duda, la más famosa es la escultura que representa la puerta del infierno y, tras ella al diablo. Se dice que para ser limpiado del pecado es necesario pasar a través de las puertas del infierno, aún a riesgo a que tu alma sea atrapada por el diablo.

Desde siempre, el lugar ha sido considerado un lugar mágico. La misticidad y tranquilidad de sus bosques ha hecho que esta colina fuera considerada por muchos un lugar mágico en el que realizar celebraciones paganas. 

También ha ayudado a reforzar esa leyenda las innumerables esculturas talladas en madera que representan a algunos de los personajes y leyendas del folklore lituano.

Por eso, el lugar se convierte cada dos años en el escenario perfecto para celebrar fiestas populares paganas, en un evento conocido bajo el nombre de Festival de Verano, y que se realiza siempre en la víspera del solsticio de verano.

Un lugar mágico, especial, rodeado de halo de misterio y a la vez, por qué no, algo raro, que permite un paseo por algunas de las leyendas más conocidas de la cultura lituana.

Otro lugar gratuito que puedes visitar en este país y que sin duda te resultará como mínimo, un lugar curioso y atípico. Merece la pena dar un pequeño paseo por este bosque, pero al igual que con la Colina de las Cruces, mejor a pleno día, no sabemos a que es debido, pero en estos lugares la imaginación vuela… y si los bosques con poca luz ya imponen respeto, imaginatelo lleno de extrañas figuras talladas en madera…;)


Kaunas

Kaunas es una urbe con personalidad propia y en la que se mezclan las tradiciones más antiguas de Lituania con la modernidad de una ciudad que, pese a la belleza barroca e incomparable de la capital del país, Vilnius, con la que no se puede ni muchos menos equiparar, se muestra hoy como una ciudad vibrante y que recibe a los turistas con los brazos abiertos.

Kaunas es la segunda ciudad de Lituania tanto en importancia como en número de habitantes, no tiene, ni mucho menos, complejo de segundona. Tampoco es que sea una ciudad eminentemente monumental, aunque sí que es cierto que algunos de sus edificios forman parte del patrimonio nacional lituano. Pero lo que sí que podemos decir de Kaunas es que es una ciudad muy interesante y con mucha actividad, en la que los eventos culturales, sobre todo los musicales, tienen gran protagonismo (especialmente durante los meses de verano donde se celebran varios festivales nacionales e internacionales).


Conclusión:

El último de los 3 países bálticos fue sin duda una tercera y última grata sorpresa. Un país con un clima muy agradable en verano y relativamente suave a principios de otoño (fecha en la que nosotros viajamos) y muy poco masificado, ideal cuando se huye del calor asfixiante de otros países europeos y de lugares atestados de turistas.

La costa de Lituania, muy similar a la de Estonia y Letonia, nos regaló paisajes de kilométricas playas (algunas incluso con dunas). Su capital Vilna, menos espectacular y monumental que sus vecinas Riga y Tallin pero igual de animada, volvió a captar nuestra atención, cambiando por completo el concepto que teníamos de la capital de este país (que pensábamos que sería gris y aburrida) y nada más lejos de la realidad.

Pero sin duda el plato fuerte de Lituania para nosotros fueron algunos de los lugares que hemos descrito anteriormente, como la Colina de las Cruces o la Colina de las Brujas, los cuales te garantizamos que se quedarán grabados en tu retina por la peculiaridad y la originalidad de los mismos.


¿Qué te ha parecido el post? ¿Tienes alguna duda? Si necesitas saber algo más sobre Lituania en general, sobre Vilna (su capital) o incluso sobre cualquiera de los otros países Balticos (Estonia o Letonia), de los cuales ya hemos hablado también, no dudes en escribirnos… Estamos aquí para compartir nuestras experiencias con todos!! 🙂

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