Lugares Imprescindibles de Vilna

Vilnius, ese es el nombre de la capital de Lituania, pero en lituano, ya que en castellano a ésta ciudad se la conoce como Vilna. Toma su nombre del río que pasa por la ciudad (el Vilnia) y es una de esas ciudades que nos puede sorprender si no tenemos demasiadas referencias de ella.

Con su medio millón de habitantes, Vilna es la segunda ciudad más grande de los Países Bálticos, sólo superada por Riga. La capital de Lituania tiene un casco antiguo precioso , es uno de los mejores conservados de Europa del Este, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994 con una historia muy interesante. 

En la actualidad Vilna es una ciudad bastante turística y de cierta forma europeizada, pero aún así pueden verse muchas huellas de su etapa comunista.


Catedral de Vilna

La catedral de Vilna es el edificio religioso más importante de toda Lituania y es sin lugar a duda una catedral diferente, ya que no suele ser habitual encontrarse con una catedral con aspecto de templo griego. En el lugar donde se encuentra ubicada existieron originalmente otras construcciones de estilos más habituales, como el gótico, pero fueron destruidas a lo largo de los siglos por múltiples incendios. Fue a  finales del siglo XVIII cuando se decidió volver a reconstruir la catedral y para ello se eligió el estilo neoclásico que vemos hoy en día.

El interior de la catedral es en general bastante austero y de un blanco impoluto. Sin embargo, a la derecha del altar mayor se conserva una espectacular capilla del siglo XVII. Esta capilla de San Casimiro fue creada por maestros italianos, es una de las grandes obras barrocas de la ciudad, así que te recomendamos totalmente su visita. 

Una peculiaridad de esta catedral es su torre del campanario, que se encuentra en el exterior, totalmente aislada de la catedral en sí. En sus inicios la torre formaba parte de las murallas y fortificaciones que defendían el castillo inferior de Vilna, hasta que se decidió posteriormente añadirle la parte superior y convertirla en torre campanario. Por el suelo de la plaza aledaña se puede ver dibujado parte el trazado del antiguo castillo y sus murallas 


La Puerta de la Aurora

Como muchas otras ciudades europeas construidas hace varios siglos, Vilna también contaba con su propia muralla defensiva. La puerta de la Aurora, también conocida como Puertas del Amanecer, es la única superviviente de las cinco puerta originales que daban acceso a la ciudad fortificada. Fue construida en el siglo XVI y es sin duda uno de los grandes emblemas de la capital lituana. Su aspecto defensivo todavía se puede apreciar por el exterior, donde se pueden ver ventanas redondas por las que disparaban los cañones.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces y hoy en día la Puerta de la Aurora es principalmente conocida como lugar de peregrinación cristiana. Y es que en su interior alberga una capilla con la famosa imagen de la Virgen de la Misericordia bañada en plata, a la que se le atribuyen ciertos milagros. Fue uno de los primeros lugares que el papa Juan Pablo II visitó al llegar a Lituania en 1993.


El Bastión de Artillería

Situado en el lado oriental de la ciudad, el bastión de Artillería formaba parte de las antiguas murallas defensivas de la ciudad. Fue levantado en la primera mitad del siglo XVII, con la intención de proteger la ciudad de los posibles ataques invasores. El edificio tiene una pequeña torre de vigilancia, una gran sala de cañones y un túnel subterráneo conectando ambas estancias.

El bastión de artillería se restauró a finales del siglo pasado y lleva desde 1987 funcionando como un pequeño museo. Desde el bastión se tienen unas vistas excelentes del barrio de Užupis y las colinas de la ciudad.


La torre de Gediminas

Esta pequeña torre es otro de los grandes símbolos de Vilna y por ende de Lituania, desde que la bandera del país se colocara en todo lo alto a finales de los años 80, en nombre de su independencia. Gediminas fue el líder del Gran Ducado de Lituania y encargado de construir una fortificación de madera sobre una colina en el siglo XIV, esa construcción defensiva acabó siendo de ladrillo que vemos en la actualidad.

Al estar ubicada en lo alto de una colina en el centro de la ciudad, es visible desde prácticamente cualquier parte. La torre de Gediminas es prácticamente lo único que nos queda del antiguo castillo superior de Vilna , de hecho la propia torre es una reconstrucción de 1933.

Desde lo alto de la torre se tienen alguna de las mejores vistas de la ciudad, por lo que suele ser una de las visitas obligadas de Vilna. En su interior hay además un pequeño museo donde se exponen alguna de las piezas arqueológicas encontradas en la colina y su entorno.

También tiene una terraza con una de las mejores panorámicas de Vilna. La entrada cuesta 5€.


La Universidad de Vilna

Fundada originalmente como un colegio jesuita, se dice que es la universidad más antigua de Europa del este. Fundada en el siglo XVI, los rusos la clausuraron en 1832, volviendo a ser centro de estudios en 1919 y permaneciendo como tal hasta nuestros días. Ubicada en medio del casco histórico, el recinto cuenta ni más ni menos que con trece patios, entre los que destaca el Gran Patio, con la fachada de la iglesia de San Juan y su torre campanario.

Sin duda una de las plazas más bonitas que hay que ver en Vilna. La mayoría de los edificios que vemos hoy en día datan de los siglos XVI y XVII.

Además de la propia iglesia, de estilo barroco, dentro del recinto se pueden visitar ciertas estancias, siendo la de mayor renombre la biblioteca de la Universidad 


La iglesia de Santa Ana

Levantada en medio de un mar de iglesias barrocas, Santa Ana es probablemente la iglesia más llamativa de Vilna, al ser casi la única construida totalmente en estilo gótico. Está realizada completamente en ladrillo rojo, algo muy característico del llamado gótico báltico. 

Su espectacular fachada contrasta con su interior, bastante más austero. La iglesia consta de una única nave de tamaño reducido que se puede visitar en un par de minutos.

Dice la leyenda que incluso conquistó a Napoleón cuando sus tropas tomaron Lituania y éste dió orden de no saquearla y respetarla. Aunque parezca mentira, la iglesia se mantiene prácticamente intacta desde hace más de 500 años.

La pequeña iglesia de Santa Ana forma en realidad parte de un complejo bastante mayor. En sus inmediaciones encontramos también la iglesia de San Francisco de Asís, mucho más grande y con un interior mucho más elaborado que su hermana pequeña, por lo que también te recomendamos que le eches un vistazo 


La Calle de la Literatura

La calle de la Literatura es una de las calles más peculiares de Vilna. Se encuentra muy cerquita de la iglesia de Santa Ana, aunque es fácil perdérsela ya que está algo escondida si no sabes muy bien por donde ir. Por los muros y paredes de la calle se han colocado cientos de tributos a poetas y escritores que de un modo u otro han influenciado la literatura lituana.


La calle Pilies (Pilies gatvė)

Esta pequeña calle no llega a los 400 metros, pero a pesar de ello es una de las más populares y transitadas al conectar la plaza de la catedral con el centro del casco histórico. 

La calle Pilies es muy fotogénica, ya que el horizonte siempre está dominado por la torre del castillo de Vilna, símbolo de la ciudad. Además, hay varios cafés, restaurantes y múltiples terrazas estupendas donde te puedes sentar a degustar la comida lituana al aire libre (te recomendamos el restaurante Etno Dvaras).


La Casa de los Signatarios

Este pequeño edificio de estilo neo-renacentista guarda un significado especial en el alma de los lituanos, ya que en este lugar se firmó el Acta de Independencia de Lituania en 1918.

Tras muchos años sometida, Lituania lograba por fin independizarse de la Rusia imperial y se proclamó a Vilna como la flamante capital del nuevo país. Sin embargo, la alegría duró bastante poco, ya que durante los siguientes 70 años Lituania se vería invadida primero por polacos, luego por nazis y finalmente de nuevo otra vez por los rusos, aunque esta vez soviéticos.


República de Užupis

Se trata de un barrio que nació hace casi dos décadas como hogar para bohemios, artistas, okupas y rebeldes. Sigue siendo uno de esos lugares que hay que ver en Vilnius. El lugar ha mejorado con los años hasta convertirse en un barrio de moda, donde visitar lo último en galerías de arte.

Es muy similar a como lo hicieron los hippies de la Ciudad libre de Christiania, en Copenhague. En 1997 los habitantes del distrito proclamaron su independencia y constituyeron la llamada República de Užupis.

En la calle de Paupio (Paupio gatvė) está colgada la extravagante Constitución de Užupis en más de 20 idiomas, castellano incluido. Este conocido distrito se ubica en el lado este de la ciudad, al otro lado del río Vilnia. De hecho, Užupis significa algo así como “más allá del río”


Iglesia Ortodoxa de San Miguel y Constantino

Fue construida en 1913 en honor del 300 aniversario de la dinastía Romanov. San Konstantin es el patrón celestial del Príncipe Konstantin de Ostrog, quien trabajó duro durante los años difíciles para satisfacer las necesidades de los ortodoxos de Vilna.

El templo fue construido en un estilo arquitectónico que imita las antiguas iglesias de Rostov-Suzdal. El interior del templo estaba pintado al viejo estilo ruso.

La consagración del templo tuvo lugar el 9 de mayo de 1913, fue realizada por el arzobispo de Vilna y Lituania Agafangel. La Gran Duquesa Elizabeth Fedorovna Romanova llegó a Vlina para la celebración.

En 1915, la parroquia fue evacuada cuando el ejército alemán ocupó la ciudad.



Conclusión :

Como ya comentamos, Vilna es una ciudad en la que uno piensa y no tiene ninguna referencia y por lo tanto es fácil pensar que es una más del montón, que te dejará ese sabor insípido de la indiferencia. Pués nada más lejos de la realidad.

Vilna es una ciudad pequeña pero con un casco histórico muy interesante. Fácil de recorrer a pie y que te soprenderá gratamente con un barrio bohemio independiente, lleno de actividad cultural, alternativas musicales y gente muy liberal. La ciudad posee bastantes recovecos con restaurantes y bares donde sirven una cerveza realmente buena, al igual que los otros países bálticos.

La capital de Lituania posee unos marcados vestigios de su pasado ruso, los cuales forman parte de la esencia de esta moderna ciudad, que de igual forma posee una identidad propia que no prescinde de su pasado para seguir forjando su futuro.

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