Dia 4: Excursión al Lago Inari y ruta de esquí de fondo

Nos despertamos bajo la oscuridad característica de esta zona en esta época del año. Queremos aprovechar al máximo nuestro último día en este remoto lugar de Escandinavia. Esta noche volamos a Helsinki, pero tenemos el día entero para seguir disfrutando de la Laponia. 

Mientras desayunamos recordamos el momento de las auroras boreales de ayer, nos sentimos realmente afortunados ya que hemos venido muy pocos días y sin embargo hemos tenido la gran suerte de poder verlas. El momento fue un poco cómico y no estábamos “preparados”, ni con la ropa ni con la cámara y el trípode listos… pero ahora nos hace gracia y nos reímos del momento vivido ayer. Para la próxima ocasión seguro que no nos pilla tan desprevenidos… 😉

Hoy no tenemos contratada ninguna excursión, hoy es un día de relax, vamos a conducir hacia el norte, hacia un pueblo llamado Inari, donde hay un gran lago, disfrutaremos del entorno, del paisaje, comeremos algo y durante la tarde estaremos muy pendientes del cielo (tenemos bastantes horas de oscuridad antes de que salga nuestro vuelo esta noche).

El coche congelador 😉

Como todos los días anteriores, salimos después de desayunar y de habernos vestido concienzudamente. Al entrar al coche vuelve a estar como un congelador hasta que poco a poco la calefacción va calentando el ambiente. Vamos en dirección norte, despacio, contemplando el bucólico paisaje.

Hemos de reconocer que la monotonía cromática nos resulta tremendamente bella pero también nostálgica.

Invierno en Ivalo

Es un paisaje que evoca la Navidad y como tal, momentos muy buenos pero también alguno que otro triste (inherente a esa fecha del año). No obstante  a nosotros el paisaje nos resulta de una belleza casi perfecta. Es casi como estar conduciendo a través de una pintura. Parece una estampa casi irreal.

Paisajes de Laponia

Antes de llegar al lago nos cruzamos con renos salvajes, corren por la nieve virgen de forma ágil y rápida. Son preciosos, pero también bastante huidizos, al mínimo ruido del motor del coche se echan a correr todos hacia el interior del frondoso bosque nevado, pero nos ha dado tiempo suficiente para verlos.

Renos salvajes

No nos imaginábamos que hubieran animales salvajes tan cerca de los pueblos y de la carretera, pero para nuestra alegría los hay. Si nos encanta la naturaleza hay algo que nos gusta aún más y es ver a cualquier tipo de animal en su hábitat natural.

Después de esperar un rato, los renos se acercan.

Tras nuestro fugaz encuentro con los renos, llegamos al lago y nos bajamos del coche. Vic me dice que vamos a dejar el coche aquí y que tenemos que caminar un poco. Todo a nuestro alrededor es blanco. Es un desierto blanco, un desierto de nieve. Después de 5 minutos caminando Victor me dice que estamos sobre el lago congelado, pero me resulta imposible. El lago debe estar más lejos.

Y sin mediar palabra lo veo agacharse y ponerse a escarbar en la nieve, como un gato en la arena.

– “¿Vic qué haces?” – le pregunto

– “Ahora lo vas a ver tú misma” – me responde con algo de misterio

Sigue escarbando en la nieve, está intentando hacer un agujero de un tamaño considerable, realmente no soy consciente de lo que pretende hasta que yo misma lo veo y justo en ese instante levanta la cabeza y esboza una sonrisa socarrona: “estamos caminando sobre el lago congelado” y en ese momento la que se congela del pánico soy yo. En mi mente aparece la típica imagen de las películas en las que el hielo de un lago se va resquebrajando hasta que se rompe y la persona se cae y se congela y se ahoga, o se ahoga primero y se congela después… no lo sé… supongo que primero se congelaría. El pánico me paraliza, nunca había estado encima de un lago congelado, pienso si la capa de hielo será lo suficientemente profunda para aguantar nuestro peso y en ese momento Victor para “tranquilizarme” se pone a saltar encima del hielo… ¡¡Noooooo, para, para!!, pero sigue saltando y apartando la nieve para los lados con los pies para que vea bien el hielo que está debajo. 

Encima del Lago Inari congelado

Victor me explica que no me preocupe, que la temperatura es muy baja desde hace varios meses y que por lo tanto debe haber una capa de hielo con un espesor suficiente, pero su explicación no me tranquiliza al 100%, aún así consigo por lo menos dejar de apretar la mandíbula y los esfínteres… 😉

Miro el hielo fijamente sin terminar de creerme que estamos encima de un lago congelado. No hay nadie, estamos totalmente solos, de hecho es que en apenas 4 días nos hemos cruzado con 10 personas y ha sido en el supermercado, en la gasolinera y en el hotel con los iglús de cristal… así que tampoco me tranquiliza este dato, si algo nos pasara en este momento, no hay absolutamente nadie para ayudarnos.

Victor está disfrutando como un crío, le encanta la sensación y va de un lado para otro corriendo como si estuviera sobre césped en vez de  sobre hielo. Yo intento saber dónde está el comienzo del lago, para estar lo más cerca posible de la orilla, pero me resulta imposible saberlo, no hay referencias y todo es un manto blanco.

Disfrutando con la nieve

Finalmente consigo relajarme un poquito y disfrutar del momento y del lugar, pero siempre con cautela.

Después de un rato en el lago, continuamos nuestra ruta por la zona de Inari. Árboles totalmente nevados y un paisaje de singular belleza.

Paisaje de Lapoia

La carretera está en perfectas condiciones, las máquinas quitanieves no paran cuando nieva y el coche que alquilamos tiene neumáticos especiales para el invierno, así que no hace falta estar con el jaleo de las cadenas ni nada de eso.

Seguimos por la misma carretera, siempre en dirección norte, hasta que vemos una zona preciosa en el bosque y decidimos meternos por una pequeña pista.

El camino se ve bien pero no está asfaltado, así que yo manifiesto cierta reticencia, pero Vic me dice que la nieve del camino está compacta, así que continuamos.  El paisaje es precioso y la cantidad de nieve acumulada en esa zona es considerable.

Paisajes totalmente nevados

Aprovechamos y nos bajamos para jugar en la nieve, hacer un ángel, un muñeco, tirarnos pelotitas de nieve (que cuesta mucho hacerlas porque la nieve no termina de compactar, ya que es nieve polvo y no tiene la humedad necesaria para hacer una pelota de nieve en condiciones), pero querer es poder, aunque al final básicamente lo que hacemos es revolcarnos en la nieve, aquí no hay peligro de que se resquebraje ninguna capa de hielo… 😉

Disfrutando de la nieve como una niña

Cuando ya estamos más que exhaustos tras la “batalla” con la nieve, decidimos regresar a Saariselkä.

Jugando en la nieve

Continuamos por el mismo camino que entramos, el cual nos lleva directamente a la misma carretera asfaltada por la que hemos llegado. Justo al llegar al borde donde termina el camino y comienza la carretera de asfalto, una de las ruedas nos patina, hay mucha nieve y el coche es muy bajo. No conseguimos subir al asfalto, la rueda sigue patinando. Así que toca dar marcha atrás y regresar por donde hemos venido… pero al poner la marcha atrás el coche no se mueve, nos hemos quedado atrapados en una pequeña montaña de nieve que está justo al borde de la carretera. 

Al bajarnos  y ver la rueda intentamos hacer de todo, pero lo que hacemos solo complica más la situación y hunde más la rueda en la nieve. Hoy en día sabemos algunos pequeños trucos que nos ha dicho un buen amigo al que le gustan mucho los 4×4 (otro cabezón Rojas, dicho sea de paso) 😉 pero sus consejos que nos han venido de maravilla cuando hemos metido la pata (o más bien la rueda), donde no hemos debido, pero en este momento no sabemos qué hacer. Por nuestros propios medios no vamos a poder sacar el coche y la opción de ir caminando a algún lugar a pedir ayuda no es factible, estamos muy lejos de todo e ir caminando con este frío es impensable.

Victor me dice que no me desespere, “que todo va a salir bien”, lo que me dice siempre, así que no me sirve de mucho. Estamos en ese momento de nervios, disgusto, frustración, rabia y reproches donde no hacemos nada constructivo sino todo lo contrario y en vez de buscar soluciones, nos estamos reprochando mil cosas… y justo en ese momento oímos un coche. No hizo falta correr ni gritar, ni nada de nada, el coche paró y se bajó un señor finlandés que al vernos lo único que nos dijo fue: “creo que necesitáis ayuda” y automáticamente enganchó nuestro coche al suyo con una cadena y lo sacó de ahí en un abrir y cerrar de ojos… Me faltó muy poco para abrazarlo y besarlo en ese momento, yo ya me veía congelada en el interior del coche. Le damos mil veces las gracias y antes de marcharse nos comenta que es mejor que no nos volvamos a meter por pistas sin asfaltar con “ese cochito”… ¡Es verdad!, hemos alquilado un mini coche, no deberíamos habernos metido por ese camino… y otra vez los reproches. Es inevitable, pero el famoso “te lo dije”, siempre sale en estos casos.

Antes de comenzar la “pelea” con los esquís

Después del susto, llegamos a Saariselkä y como es el día que nos vamos, no tenemos comida en la cabaña, así que decidimos ir a comer a algún restaurante local (si es que hay alguno y está abierto) y para nuestra suerte encontramos un lugar donde almorzar justo al lado de una tienda donde alquilan esquies. ¿Y qué decidimos hacer nosotros?, alquilar unos para hacer esquí de fondo. Yo no sé esquiar así que la única alternativa es el esquí de fondo, que según Víctor es casi lo mismo que caminar pero arrastrando los esquís por la nieve. A mí no me seduce demasiado la idea, pero Vic es demasiado persuasivo y casi sin darme cuenta tengo esas cosas en los pies, que no controlo y encima son grandísimas.

Saariselkä tiene pista de esquí y pistas de esquí de fondo y es a esas adonde nos dirigimos. Las pistas están señalizadas y para mi sorpresa hay más personas de las que imaginaba. Aquí se trasladan con esquís, incluso vemos algunas personas que llevan carritos de bebé que en lugar de ruedas tienen esquís… que curioso… jamás me lo hubiese imaginado.

Listos para esquiar 🙂

Yo voy peor que si estuviera pisando huevos, esto no es lo mío y tampoco me agrada tener estos trastos que no controlo debajo de los pies. No sé frenar y se deslizan cuando yo no quiero. No me agrada la sensación, aunque parece que le estoy cogiendo el truco y los controlo un poco más, pero sinceramente esto no está hecho para mí.

Haciendo bastante el ridículo… 😉

Victor me dice que continuemos un ratito más y luego ir hacia el coche y devolver los esquís que hemos alquilado. El rodeo que me hace dar para ir hasta el coche se me hace eterno y voy super despacio, Vic se ríe de mí y yo me cabreo conmigo misma por mi falta de agilidad. 

Vic haciendo esquí de fondo

Me resultan incómodos y duros y siento que eso va a deslizar y que voy a salir volando, lo cual es imposible porque voy tan despacio que parece que en vez de avanzar voy retrocediendo. Por fin veo donde dejamos el coche, quiero llegar y quitarme esto de los pies y en ese momento pierdo el equilibrio y me caigo hacia atrás y me quedo boca arriba moviendo las piernas y sin poder levantarme (tipo tortuga)… Hasta un niño que pasa se ríe y obviamente Victor al girarse y verme también se ríe, me río hasta yo de mi misma, pero esto me lo tengo que quitar ahora mismo de los pies.

Vic se acerca para ver si estoy bien y lo primero que le digo, desde el suelo, es que me quite esas cosas. Al quitármelas me incorporo sin problema… ¡por fin puedo caminar con normalidad! El esquí no está hecho para mi y yo ya he hecho bastante el ridículo por hoy 😉 Así que nos vamos directos a devolverlos y a comer algo, por fin, que estoy muerta de hambre.

Rutas de esquí de fondo en Saariselka

Mientras comemos, se hace completamente de noche, así que aprovechamos para ir a recoger nuestras cosas a la cabaña y dejarle las llaves al dueño donde mismo las recogimos. Esa fueron sus indicaciones y eso hacemos y también aprovechamos para abrigarnos un poco más y prepararnos para la “caza” de auroras. Como ayer las vimos relativamente temprano, vamos a aprovechar e ir con el coche a una zona donde apenas hay contaminación lumínica y preparar el trípode y la cámara.

Llegamos a una zona boscosa por un camino secundario, no por la carretera principal, pero asfaltado. No hay  ninguna casa cerca y la oscuridad es absoluta, así que aparcamos el coche, sacamos el trípode y a esperar. Entramos y salimos del coche según el frío, cuando ya no aguantamos más el entramos y nos calentamos un poco para volver a salir. El cielo está parcialmente despejado, así que se podría ver algo esta noche, pero la predicción de auroras es baja, así que vamos a ver que pasa. 

Estar de pie, sin hacer ninguna actividad, sino simplemente mirando al cielo con la cámara preparada no es nada fácil con este frío. Pienso en un documental que vi hace tiempo, precisamente sobre la observación de auroras en Alaska y Canadá, donde la temperatura era de -40ºC e incluso llegaron a estar a -50ºC, pero lo que me llamó la atención de aquel documental es que decían que cuando uno llega a una determinada temperatura bastante baja, por mucho que siga bajando no se va a sentir más frío, sino que la única diferencia entre estar a menos 30 o menos 40 grados, por ejemplo, es el tiempo que se puede aguantar en el exterior. Nosotros estamos a menos 21, ¿cuánto tiempo podremos aguantar?… Victor me distrae de mis propios pensamientos cuando me pregunta que si tengo miedo. Su pregunta me resulta extraña y además no la entiendo.

– “¿Miedo de qué?”- le pregunto.

– “De algún loco que haya entre los árboles” – me responde mirando hacia la oscuridad del bosque.

– “¿Un loco de noche en el bosque a 20 grados bajo cero?, tranquilo que aquí los únicos locos somos nosotros dos” – le respondo sin poder parar de reirme.

Aunque después de haberme hecho la pregunta me quedo un rato mirando hacia el bosque y cierto es que tanta oscuridad y tanto silencio impone. No se escucha nada. El silencio es aterrador. Por no oírse no se escuchan ni las ramas de los árboles moverse con la suave brisa.

Después de olvidarnos del “loco del bosque”, seguimos entrando y saliendo del coche según la tolerancia al frío, hasta que Victor se pone a sacar fotos al cielo oscuro y voilá: en la foto se ve algo verde, imperceptible para el ojo humano pero perceptible para la cámara. Ya lo habíamos leído por internet antes de venir a Laponia a ver las auroras boreales. Hay ocasiones en las que la intensidad de las auroras es muy débil y no se pueden observar a simple vista, pero sin embargo si se están produciendo y la cámara las puede captar.

Cielo captado por la cámara

Esto nos da la esperanza de que tal vez la intensidad pueda aumentar y que por lo tanto podamos llegar a verlas, pero tras varias horas esperando no vemos nada. La cámara sigue captando una luz verde en el cielo, pero no se ve nada a simple vista. Así que desistimos y recogemos el trípode y la cámara. Nos tenemos que marchar.

Tenue luz verde en el cielo lapón, totalmente imperceptible a la vista

De camino al aeropuerto, como es obvio, no dejamos de mirar ni un segundo al cielo, pero hoy no hay suerte. Con la experiencia de ayer estamos más que satisfechos. Estos 4 días han sido un sueño hecho realidad, hemos disfrutado como niños de la nieve y de todas las actividades que hemos realizado y además hemos podido ver las misteriosas auroras boreales.

Nos subimos al avión con una sonrisa de satisfacción inmensa, pero queremos más, necesitamos más. Después de la experiencia de ayer sentimos la necesidad de volver a verlas… o por lo menos volver a intentarlo en un futuro yendo a algún remoto lugar parecido a éste… 🙂

Publicado por L&V

Viajeros apasionados, incombustibles y siempre listos para viajar :)

2 comentarios sobre “Dia 4: Excursión al Lago Inari y ruta de esquí de fondo

  1. Chicos viaje impresionante fotos espectaculares esta claro q es el tipo de viaje que me encantaria hacer naturaleza helada auroras trineos revolcarse en bolas en la nieve por dios q maravilla preciosas fotos comentarios acordes a ellas me imagino la cara de vic de felicidad y la tuya tb pero a el lo conozco desde pequeños pero por lo que veo a ti te gusta viajar y me alegro mucho por los dos seguire leyendoy enviando buenos comentarios o no pq todos los paise igual no me gustan este si ,sigo mañana con el siguiente dia

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    1. Si, lo de revolcarse en la nieve es algo muy típico de él… jejejejejejejeje.
      Es un destino increible, lo pasamos de maravilla y además vimos las auroras boreales… ¿que más se puede pedir? 🙂
      Nos alegra mucho que te haya gustado!!!
      Un saludo.
      Vic y Lu

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