Día 7 : Descenso del Volcán – Cruce de frontera RD Congo – Ruanda – Ruhengeri

Me despierto antes de que suene la alarma del movil, tengo un poco de frío, pero no quiero moverme mucho para no despertar a Vic, que duerme profundamente. Busco el teléfono para mirar la hora, en 45 minutos sonará la alarma… he conseguido dormir más de lo que esperaba. Intento taparme un poco mejor, aunque parezco la momia de Tutankamon, ya que he dormido con el abrigo de plumas y toda la ropa térmica y en ese momento se despierta Victor. Así que aprovecho para levantarme casi de un salto. “¿Vamos a ver si está despejado y se puede ver el lago de lava?”. Antes de acabar la frase ya se está levantando.

Me pongo las botas, el gorro y voilá, ya estoy preparada. Este es el día de toda mi vida en el que tardo menos de 1 minuto en estar lista para salir… es lo que tiene dormir con toda la ropa puesta  😉 . Son las 4 de la mañana, nos hemos levantado antes de lo que teníamos previsto, pero dormir en este lugar es casi un “pecado”.

Con nuestras linternas y las cámaras al cuello subimos al borde del cráter. No se ha levantado absolutamente nadie. Estamos solos. Avanzamos totalmente en silencio evitando hacer ruido y al llegar al borde está ahí… No ha sido un sueño, es real, está ahí y lo estamos contemplando bajo una absoluta oscuridad y un inquietante silencio. 

Al igual que anoche nos volvemos a quedar casi extasiados contemplando la  lava en ebullición. No quiero ni parpadear. Noto el calor en la cara, es muy sutil, pero lo noto y también noto más frío que anoche, pero merece la pena pasar frío por ver este extraordinario lugar. 

Increíble visión al despertar

Vic y yo estamos en silencio disfrutando de las vistas. Somos los únicos espectadores y eso lo hace aún más surrealista, ya que actualmente es muy difícil poder estar en un lugar turístico sin que esté masificado, recibiendo empujones o escuchando incluso gritos, así que el hecho de estar solos es un plus que para nosotros tiene un valor incalculable. 

Recuerdo un lugar parecido, un trekking ascendiendo el Volcán Acatenango para ver erupcionar el Volcán Fuego, en Guatemala. Aquella noche, en la cima, disfrutamos de un espectáculo sin precedentes para nosotros, pero la situación era muy distinta: los diferentes grupos nos distribuimos en las tiendas de campaña de 5 en 5 y aquella noche se formó una fiesta con botellón y música incluida. Por eso es que valoramos tanto lugares y momentos como este. Para nosotros esto no tiene precio.

Los minutos pasan como si fueran segundos y al cabo de casi una hora se acerca a nosotros Estimic, el guía de los chicos que trabajan en la ONU y que aún duermen. Se sienta a nuestro lado y nos comenta que es la primera vez que él ha visto despejado el cráter a esta hora, ya que normalmente suelen haber muchas nubes, las cuales impiden ver el lago de lava. Se le ve muy contento y empieza a sacar fotos. Nosotros con las que ya hemos hecho nos damos por satisfechos, creemos que a veces hay que dejar los móviles y cámaras a un lado y mirar, disfrutar, sentir… tal vez no vuelva a este lugar en mi vida y quiero que mi recuerdo no sea a través de ningún aparato tecnológico. 

Lago de lava

Se empiezan a oír voces y movimiento en la zona inferior, donde están las casetas. Alguien grita algo que no entendemos y Estimic nos dice que nos están avisando para el desayuno… ¿desayuno?, ¡si, es verdad!, el paquete mikeno incluye desayuno. Se nos había olvidado por completo. Pero yo no me quiero mover de donde estoy, la meteorología es caprichosa y tal vez en 10 minutos el cráter  esté cubierto de nubes, pero Víctor está hambriento y baja a echar un ojo.

Todavía no ha amanecido y yo continúo fascinada mirando algo que aún me cuesta creer que exista. ¿Qué habrá debajo del lago de lava?, ¿qué profundidad  tendrá?.

Victor me hace volver a la realidad: “¡a desayunar!”, le oigo decir mientras veo como aparece con un café con leche y con una tortilla… No me lo termino de creer, realmente no contaba con un desayuno así, pensé que sería un bollo, un café malo y listo, pero para mi sorpresa vamos a disfrutar de un buen desayuno con unas vistas sobrecogedoras. 

Formas cambiantes constantes en el lago de lava

Víctor vuelve a aparecer con el otro café con leche y la otra tortilla y empezamos a comer y beber en silencio,  mirando hacia el lugar que nos tiene totalmente cautivados. Creo que este es uno de esos momentos en la vida que jamás se olvidan.

En los viajes a veces se disfruta, a veces se aprende de otra cultura, en otras ocasiones contemplas lugares bellísimos y en determinados momentos experimentas sensaciones que hacen que todo tenga sentido en la vida y este momento es uno de ellos. 

Cuando está empezando a amanecer aparecen los chicos de Francia y al momento los de Israel, echan un vistazo y bajan a desayunar, así que volvemos a estar solos.

Los primeros rayos de luz del alba son el preludio del comienzo del fin. En poco tiempo empezaremos el descenso, así que me aferro a lo que tengo frente a mi, no quiero que se me olvide nada. Si por nosotros fuera nos quedaríamos aquí todo el día.

Amanece en la cima del Volcán Nyiragongo

Los gritos para que fuéramos preparándonos para el descenso no tardaron en llegar. 

Una última mirada antes de irnos… antes de bajar a recoger nuestras mochilas a la caseta e iniciar el descenso… Contemplo el lago de lava fascinada. Este lugar no se borrará de mi memoria en la vida.

Son aproximadamente las 6 y media de la mañana cuando empezamos a bajar. Ha llegado el momento que ayer, por unos instantes, temí. Miro el suelo, la lava, el terreno, la inclinación y voy cuidadosamente apoyando el pie en las zonas que considero más “seguras”. No me apetece lo más mínimo caerme en este lugar. 

La bajada es complicada, especialmente en los primeros dos tramos, que se corresponden con el último y el penúltimo tramo del ascenso. 

Comenzamos el descenso

Este primer tramo de bajada me resulta complicadísimo, hay momentos donde no se ni donde apoyar el pie. Caminar sobre lava pahoehoe es algo a lo que no estoy acostumbrada y la inclinación tampoco ayuda. Aquí invertimos una parte importante del tiempo de bajada, teniendo en cuenta que este tramo es corto pero muy difícil. 

Llegamos de una pieza a la primera parada, unos escasos minutos y seguimos descendiendo. Este segundo tramo de bajada es el más largo y donde ayer casi claudico de la desesperación, pero obviamente bajar nada tiene que ver con subir. 

Primera parte bastante empinada y dificil

La inclinación sigue siendo considerable pero por aquí es más fácil descender y eso se traduce en que la velocidad aumenta. De vez en cuando me paro y miro hacia la cima, todavía se ven las cabañas… aún no nos hemos ido y ya echo de menos este lugar. 

Aun se ven las casetas

Además de mirar bien donde pisamos, noto la fuerza que hago con los cuádriceps y también con los gemelos.

Mientras descendemos tampoco se habla mucho (como ayer), hoy porque estamos concentrados para no caernos y ayer porque subíamos con la lengua fuera.

El segundo tramo finaliza y hacemos una breve parada que aprovechamos para beber un poco de agua. El frío de la cima ha dado paso al calor, ya estamos empezando a sudar

Los franceses se despiden de nosotros aquí y con ellos Estimic (su guía). Los chicos tienen prisa porque deben coger un vuelo en Goma y a partir de aquí van a acelerar el paso, así que el grupo se fragmenta y unos rangers se van con ellos y otros se quedan con la pareja de Israel y con nosotros. 

Empezamos el tercer tramo, la inclinación ha disminuido, pero hay mucha piedra suelta. Bajamos de forma prudente pero a buen ritmo y mientras descendemos por el mismo camino que subimos ayer, nos vamos quitando capas y más capas de ropa. En un momento dado hay una zona donde el camino hace una curva y cuando llegamos vemos a los chicos en el suelo, ¿qué ha pasado?, la chica se ha caído y se ha hecho daño en el tobillo, a duras penas consigue ponerse en pie y para mi sorpresa se pone la mochila (que debe pesar más de 20 kilos con total seguridad), es el equipaje con el que están recorriendo África. Está cojeando bastante, le ofrezco analgésicos, antiinflamatorios e incluso una venda elástica, pero me dice que está bien…“ bien jodida”, pienso yo en ese momento. Llegamos a la zona de descanso pero nadie se para, salvo ella, parece como si todos tuviéramos prisa, pero no es así, no hay prisa de ningún tipo, por lo menos Vic y yo no tenemos ninguna. 

Cima del volcán desde la mitad del recorrido

Cuarto tramo de descenso, se reduce la complejidad del terreno, aumenta el calor y la humedad, pero estamos yendo casi al trote por la inercia de la propia bajada. Miro hacia atrás y veo a la chica bajar a duras penas, está coja y reventada del peso y del esfuerzo, pero ahí está, aguantando. El entrenamiento militar de Israel parece que funciona… 😉 (ya que nos habían comentado que acaban de terminar el servicio militar en su país)

Al llegar a la siguiente zona de descanso paramos, pero para quitarnos ropa y quedarnos con lo mínimo y beber agua, e inmediatamente seguimos bajando; ayer sin embargo  nos detuvimos en este lugar más de 10 minutos.

Ya estamos en el interior de la jungla, llevamos más de 3 horas caminando y entre el cansancio de las piernas, el calor y la terrible humedad disminuimos inconscientemente el ritmo. El último tramo, pese a ser el más fácil tanto en la bajada como en la subida, lo hacemos a ritmo de paseo, la humedad es insoportable y yo personalmente noto las piernas muy cargadas.

Estoy sudando muchísimo y no quiero ni imaginar cómo debo oler.  Ayer sudé a mares, hoy también y teniendo en cuenta que dormí con toda la ropa y que dicho sea de paso es la misma con la que subí ayer y la misma que tengo puesta ahora… mejor no lo pienso…con suerte espanto a los mosquitos…¡los mosquitos!, miró a Víctor, que del calor, la humedad y el esfuerzo físico tiene la cara encendida como  una luciérnaga y ya tiene unas cuantas picaduras en el cuello, así que nos paramos para echarnos repelente y seguimos. 

Parte final del descenso

Ya debemos estar cerca de la entrada, son casi las 10 y justo en ese momento nos cruzamos con el grupo que está subiendo hoy, son unas 12 personas (el  doble que nosotros) más todos los rangers. Al cruzarnos con ellos nos saludan y algunos nos preguntan cómo de dura es la subida, por el frío en la cima, las vistas, etc, etc, las mismas dudas que tuvimos nosotros ayer. 

Ellos nos dicen que en media hora ya estaremos en la entrada, ¿media hora?, hubiera jurado que ya estaba ahí mismo. Ufffff… media hora más y las piernas me están empezando a temblar un poco, así que voy a reducir aún más el ritmo.

¡Por fin!, a lo lejos se ve ya la entrada, hemos tardado poco más de  4 horas en bajar (sin hacer casi descansos), unas dos horas y media menos que lo que tardamos en subir. Realmente se tardaría menos tiempo si no fuera por el primer tramo de descenso, el de la cima, que es muy inclinado y nosotros bajamos esa parte muy despacio.

Llegamos al parking donde nos está esperando Moises para llevarnos de vuelta a la frontera. Al vernos rojos, sudando y fatigados se ríe… Moisés es un show y todo un personaje, pero se le ve muy bonachón.

Nos despedimos de los rangers y de la pareja israelí y nos vamos hacia la frontera con Ruanda. 

mujeres por las carreteras

Tomamos la carretera nuevamente, dejando atrás poco a poco nuestro recién conquistado coloso Volcán Nyiragongo para ir atravesando pequeños pueblos en dirección a la frontera y a la ciudad de referencia a orillas del Lago Kivu, la ciudad de Goma.

Atravesamos  la ciudad y volvemos a ser testigos de la dureza de este país, pero ya no me impacta tanto como el día que llegamos, ahora parece que lo veo con otros ojos y veo belleza dentro de la miseria de este impactante país.

Llegada a Goma

Pasamos nuevamente por zonas que fueron devastadas en la última erupción del Volcán Nyiragongo, incluido el propio aeropuerto y nos cruzamos con camiones de la ONU sin cesar, pero lo que más llama mi atención son las personas y el aparente ajetreo de esta remota pero inmensa ciudad africana.

Nos queda poco tiempo en este país antes de que volvamos a Ruanda y un sinfín de imágenes hacen cola en mi retina y mi cerebro, que está colapsado. Este país ofrece tal cantidad de maravillas de la naturaleza que me cuesta hasta creerlo y nosotros solo hemos visto dos de ellas en una minúscula zona de este gigante que ocupa un territorio inmenso dentro del continente africano.

Nos vamos con ganas de quedarnos, es más que obvio, pero especialmente con ganas de volver nuevamente en un futuro no muy lejano. Que equivocados estábamos cuando tuvimos dudas y miedo, que manipulados estamos por los medios de comunicación, pero sobre todo, que buena decisión tuvimos al decidir modificar nuestro itinerario de Uganda, quitando un parque nacional situado al norte (cerca de Sudan del Sur) y sustituirlo por esta pequeña incursión en Virunga.

Son casi las 12 de la mañana y la tortilla que nos comimos hace más de 6 horas ya ni la recuerdo. Así que decidimos hacer una parada estratégica en un restaurante local para comer algo antes de llegar nuevamente a Ruanda.

Después de reponer las energías ya volvemos a ser personas, la glucosa nos ha activado tanto que me siento hasta con fuerzas de volver a subir nuevamente el volcán 😉 .

Al salir del restaurante vamos callejeando por el corazón de la ciudad… es una pena no disponer de más tiempo para poder conocer algo más de esta zona de la RDC que tanto nos ha dado a cambio de nada.

Ahora si, nos vamos directos a la frontera, donde los trámites son más rápidos y sencillos que cuando entramos. Pero al llegar a la parte de Ruanda nos informan que la visa que tenemos (EATV) no es válida, ya que al salir de los 3 países que la forman (Uganda, Ruanda y Kenia), dicha visa se anula. Así que nos toca volver a pagar la visa de entrada a Ruanda, pero esta vez la visa simple. 

Frontera RD Congo – Ruanda

Moisés conduce hasta el hotel donde nos fue a recoger hace 4 días y donde tenemos nuestro coche.

Por el camino observo a las personas con las que  nos cruzamos, obviamente hay diferencia con su país vecino (RDC), aquí sus miradas no te atraviesan el alma y es más que evidente que la situación política y económica de este país es muy distinta a la que hay en la RD del Congo, sin embargo, me he quedado cautivada y enamorada de ese país, algo me dice que en un futuro no muy lejano volveremos a cruzar la “Grande Barriere”.

Llegamos al hotel, donde Moisés nos despide a los dos con un fortísimo abrazo e inmediatamente nos vamos a por nuestro coche. 

Miro hacia el lago Kivu, de buena gana me quedaría esta noche aquí. Una buena ducha, una sabrosa cena, una cerveza fría, vistas al lago… pero lo que hacemos es colocar nuestras mochilas de trekking en el coche y agradecerle al manager del hotel que nos permitiera dejar nuestro coche en el recinto. 

Ponemos ruta hacia Ruhengeri, cerca de la frontera con Uganda y cerca también del Parque Nacional de los Volcanes, pero antes  pasamos por una gasolinera a ponerle aire a la rueda delantera izquierda, Víctor dice que la nota un poco floja, pero yo sinceramente las veo todas iguales. 

Mientras pone aire yo me miro en el espejo del coche por primera vez desde ayer por la mañana…¡madre mía!, soy una mezcla entre Tina Turner y el Rey León… el pelo se me está rizando y encrespando y parezco casi un champiñón…es más que obvio que la naturaleza está siguiendo su curso 😉

El Parque Nacional de los Volcanes se encuentra al noroeste de Ruanda y bordea el Parque Nacional Virunga en la República Democrática del Congo y el Parque Nacional del Gorila Mgahinga en Uganda.  Fue establecido como Parque Nacional Albert en 1939. Tras la Independencia del Congo Kinshasa, en 1960, el Parque quedó repartido entre los dos países, siendo renombrada la parte ruandesa, en 1974, como Parque Nacional de los Volcanes. En 1983, la UNESCO lo reconoció como Reserva de la Biosfera.

Junto con Virunga en la RD del Congo es uno de los Parques Nacionales más antiguos de África. Con sus 16.000 hectáreas de extensión es un área excelente para rastrear gorilas de montaña. El parque nacional de los Volcanes es conocido principalmente por haber sido el lugar donde la científica Dian Fossey estudió  a los gorilas, aquí pasó veinte años de su vida investigándolos. 

Dian fue una de las primeras primatólogas del mundo, nació en EEUU y en 1963 viajó a África para estudiar a los Gorilas de Montaña. Tuvo que salir de Zaire -actual RDC- por la complicada situación política del país, trasladándose a Ruanda, donde continuó con sus investigaciones. En 1983 publicó el libro “Gorilas en la niebla”. Fossey combatió duramente la caza furtiva, lo cual le creó muchos enemigos, motivo por el cual  fue asesinada en 1985.

Su plena dedicación a estos animales  y sus investigaciones fueron, en gran medida, lo que los salvó del alcance de los cazadores furtivos, de su extinción y que su actual protección.  Fue en  Ruanda y concretamente en el Parque Nacional de los Volcanes donde Dian Fossey estudió el comportamiento de los Gorilas de Montaña en su hábitat natural, ya que anteriormente a sus estudios se pensaba que los gorilas eran animales extremadamente agresivos.   

Víctor está concentrado conduciendo y yo miro la carretera casi en estado catatónico, estoy reventada, tengo sueño, hambre y me duele todo. Pienso en los kilómetros que nos faltan hasta llegar a Ruhengeri y cuento los minutos para llegar hasta la ducha y destrozar la cama.

El paisaje es precioso y las mujeres con su ropa de mil colores le dan aún más vida al entorno. Los niños juegan y ríen, aquí parecen más felices que en el país de donde venimos, sin embargo yo daría la vuelta y volvería.

De camino a Ruhengeri

Mi agotamiento me produce un ligero aletargamiento hasta que de repente una voz me dice: “Lu, ya hemos llegado”. 

Me he quedado dormida y ya estamos en Ruhengeri, es una ciudad grande, con mucha infraestructura, muchos hoteles, restaurantes, tráfico… Estamos muy cerca del Parque Nacional de los Volcanes, donde por el “módico” precio de $1500 dólares estadounidenses se puede ver durante una hora a los gorilas de montaña en este pequeño y caro país.

Todo en la ciudad tiene relación con el parque, con los gorilas y con Dian Fossey, de hecho, hoy en día, una de las múltiples actividades que se pueden realizar en el Parque Nacional de los Volcanes, es un trekking (nada barato por cierto)  para ir a ver donde fue enterrada tras su asesinato. 

Por fin llegamos a nuestro alojamiento para esta noche: The Garden Place Hotel, el cual tiene parking gratis en las instalaciones. Aquí no hay seguridad ni hay control de metales en la recepción (como en Kigali), de hecho no hay nadie. Tras un rato esperando en la recepción aparece alguien que nos acompaña a nuestra habitación. El hotel es un poco cutre, por internet se veía mejor, pero la habitación es amplia, la cama es grande y  hay agua caliente, así que en este momento para mi es como un resort de lujo.

Victor me comenta que va a lavar la ropa del trekking, que huele muy mal y que eso no lo va a meter en la maleta…¿lavar qué?. Automáticamente le digo que este hotel no tiene pinta de tener servicio de lavandería, pero aunque lo tuviera, ya es tarde y entre la humedad que hay por el día y el frío de la noche (ya que estamos en zona montañosa) esa ropa no se va a secar antes de irnos mañana temprano… pero insiste y sigue  insistiendo y yo sigo diciéndole que mejor la lavamos otro día que estemos menos cansados y en ese preciso instante lo miro atónita… se ha metido en la ducha con la ropa puesta (ese es el prelavado), al salir de la ducha veo como lo lava todo a conciencia para tenderlo en la terraza que tiene la habitación. 

Mientras él está haciendo la colada, yo me meto en la ducha, donde pierdo la noción del tiempo, este momento me está pareciendo mejor que un masaje tailandés. Cuando salgo y ya con el pijama puesto, miro mi ropa sucia y miro para la cama con dolor… ¡joder!, ¡pues a lavar yo también!, aunque no me esmero mucho. Víctor está terminando de “tender”  y va a salir a revisar unas cosas en el coche y a informarse en recepción sobre unas actividades para mañana en el Parque Nacional de los Volcanes.

Me acuclillo para coger la ropa sucia y me duele todo, mientras la enjuago en el lavabo pienso en el Caribe, tirada en una hamaca con una piña colada… sin embargo estoy lavando ropa sucia en el lavabo de un hotelucho de Ruanda… solo me consuela la certeza de que si estuviera tirada en una playa del Caribe mañana estaríamos buscando coche de alquiler o contratando alguna excursión, porque de lo contrario nos estaríamos subiendo por las paredes… 😉

Con toda la ropa colgada en el balcón, me pongo a preparar  las cosas para mañana y en ese momento llega Victor. Mientras me cuenta con detalle todas las actividades que se pueden realizar en el Parque Nacional de los Volcanes, abro uno de los paquetes de jamón ibérico envasado al vacío que hemos traído, a ninguno de los dos nos apetece salir a buscar un lugar decente para cenar, estamos destrozados. 

Después de todo el ajetreo que hemos tenido, por fin me acuesto y en ese instante me inunda una sensación de bienestar inmensa. Ducha caliente y una cama mullida, que feliz soy. Me duele todo, especialmente las piernas y tengo un poco de hambre. Pero solo quiero dormir. Necesito dormir. Mañana será otro día largo.

Publicado por L&V

Viajeros apasionados, incombustibles y siempre listos para viajar :)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: